¡Bienvenidos amigos!
Que la paz de Dios abunde en sus vidas y en el ciclismo.
Les comparto esta nueva entrega de Avituallamiento de fe ciclista.
Espero que sea de su gusto.
Las partes que mas me gustan cuando salgo a por un par de kilómetros en mi bicicleta son las ascensiones, esos tramos (extendidos o cortos) mas difíciles de la ruta en donde vemos que la carretera se inclina hacia arriba. Las piernas comienzan a sentir el esfuerzo y te piden suavizar la relación bajando de plato y subiendo piñón para sobrellevar la marcha. A mi forma de ver, son estos tramos los que moldean las piernas de un ciclista, los que les exigen dar la mayor de sus fuerzas, los que crean el temple del ciclista...¡son los tramos que hacen amar al ciclismo!
En las grandes vueltas ciclistas como el Giro de Italia, el Tour de Francia o la Vuelta a España todos esperamos con ansia la llegada de las etapas de alta montaña, la de las escaladas a grandes y míticos puertos, pues generalmente son en estas jornadas donde se decide el rumbo de la carrera, donde se decide al vencedor, donde se ve al mas trepador del pelotón. Esos son días en los que mas me enamoro de este bello deporte y me motivan a salir por un par de ascensiones en el camino.
Es por eso que cuando voy pedaleando con mis piernas totalmente reventadas por la ruta y me encuentro de camino una ascensión me pregunto a mi mismo con un tono retador: "¿UNA MAS?...¡¿POR QUÉ NO?!". Concibo la idea que no hay que esquivar o rodear un puerto, ¡hay que conquistarlo!
Bien, dicho lo anterior, en este apartado quiero compartirles una de las reflexiones que surgen en mi mente y corazón cuando voy sufriendo en una escalada, pues déjenme confesarles que una de las grandes y mas lindas formas a las que recurro para conectarme con nuestro Dios de la vida es el ciclismo, ese momento cuando voy sobre mi querida bicicleta y especialmente en las escaladas.
La analogía con la vida
Es claro que en esta vida todos queremos alcanzar la felicidad y lo que menos deseamos como personas es sufrir, es decir, presentarnos ante grandes adversidades que nos traigan dolor, angustia, sufrimiento y otros sentimientos contrariados. Nadie quiere pasar por ellos y nadie desea que otros los pasen, sin embargo todas esas situaciones (accidentales o no) están presentes en nuestra vida exactamente por la misma razón por la que los puertos lo están en el ciclismo: para subirlos y pasarlos. Yo los llamo puertos de vida.
Y así como se fortalecen las piernas cada vez que conquistamos una ascensión o puerto de montaña, también nuestra fe y espíritu se robustecen cuando conquistamos un puerto de vida, pero para que ello ocurra hay que estar bien agarrado y afianzado del manillar de nuestra bicicleta de vida: Dios, que es igualmente el mas importante avituallamiento que podemos llevar en nuestra ruta de vida.
Cada vez que sentimos que el puerto se pone intenso y su pendiente crece debemos tirar de desarrollo y fe para seguir la marcha y no desfallecer en la misma e incluso disfrutar del paisaje que se nos ofrece al no centrarnos solo en nuestro dolor. Es Dios mismo quien nos acompaña, quien nos anima mientras pasamos por el ardor o adversidad.
El relevo
Muchas veces cuando vamos solos batallando contra la pendiente, Dios hace llegar personas que nos echan la mano y nos dan relevo para poder llegar a la cima tan ansiada, por lo que el esfuerzo se comparte. Esas personas nos animan a continuar el camino, a no darnos por vencidos, a levantarnos del sillín y dar potencia a cada golpe de pedal para avanzar: son nuestros ángeles gregarios, quienes se pueden llegar a desgastar por nosotros con tal de ayudarnos a culminar la faena.
¡¿Por qué no?¡
¡Mis amigos! con cada puerto o tramo de ascenso que escalamos en nuestra vida debemos asegurarnos de pasar bien la faena, de incrementar nuestra confianza en Dios y en nosotros mismos, de valorar en sobremanera a aquellas personas que se colocan a nuestro lado mientras subimos y que no se dan por vencidos cuando peor la estamos pasando, cuando flaqueamos al máximo, que lejos de marcharse y dejarnos a la deriva deciden quedarse y apostar por nosotros. Esas son las máximas enseñanzas que Dios quiere dejarnos en cada puerto de vida que subimos.
Lo que ahora sufrimos, mañana será un buen aprendizaje porque Dios nos susurra "no temas, que contigo estoy yo" [Isaías 41, 10] y nos recuerda que "él da esfuerzo al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ninguna" [Isaías 40,29].
Entonces, y para finalizar, si vamos por nuestra ruta de vida con suficientes fuerzas o con ellas decayendo y nos encontramos con una dificultad de camino siempre podremos retarnos, afianzarnos en Dios y gritarnos:
"¿UNO MAS?...!¿POR QUÉ NO?!
Que Dios derrame abundantes bendiciones sobre cada uno de ustedes.
Dedicatoria especial:
A Ilo,
Gracias por ser esa persona, esa gran amiga que jamás se dio por vencida ni en mis peores momentos y apostaste por quedarte.
A Gabyta,
Gracias por darme ánimos y ser una gregaria de lujo en etapas difíciles.
Atte. ChamBat

No hay comentarios:
Publicar un comentario