Que la paz de Dios abunde en sus vidas y en el ciclismo.
Esta entrada la he titulado "¡recobrando sensaciones!" porque justamente es lo que he podido hacer este fin de semana. Por diversas razones, entre ellas ocupaciones y una climatología complicada en Madrid, no había podido salir a disfrutar de este deporte que me apasiona tanto. Regresar a la carretera para disfrutar de unos kilómetros me llenó de más vida y me permitió recobrar esas sensaciones físicas y mentales que solo la bicicleta es capaz de generar.
A lo mejor me excedí en cuanto a la extensión del recorrido, pues luego de un "descanso" de poco más de un mes lo recomendable es iniciar con rutas cortas...¡pero las ganas con las que andaba pudieron más! Ya al final de la jornada me quedé vacío y las piernas no respondían mucho. Durante ese duro tramo, lo que normalmente hago es lamentarme de la condición física y reclamarme que "debí ser más conservador y trazar una ruta más corta", sin embargo he aprendido que para disfrutar completamente la faena, lo mejor que puedo hacer cuando el mazo me da una paliza es ir a ritmo suave, al que las piernas me lo permitan, y disfrutar del paisaje por el que lentamente voy pasando.
ANALOGÍA CON LA VIDA MISMA
¡Y resulta que así es la vida propiamente! Muchas veces solo nos quejamos de nuestros momentos de debilidad, de los momentos donde el mazo nos atiza con cualquier dificultad que se nos presente y olvidamos (o no consideramos) que puede haber un paisaje para apreciar y disfrutar. En la vida, esos paisajes pueden venir representados por las amistades, la familia, la comunidad u otros. Tenemos la enorme oportunidad de volcar algo negativo a algo positivo que nos haga seguir avanzando.
Tengamos en cuenta que siempre vamos a llegar, a tiempo o no, pero siempre llegaremos. Vayamos al ritmo que nuestro espíritu nos permita en el tramo del mazo, pero levantemos la cabeza y observemos el bello panorama que seguramente se nos presenta.
¡Larga vida y ciclismo para ustedes!
